Planeta Cebolla

Cebolla para fabricar músculos

Las cebollas tienen muchas y muy variadas propiedades para la salud; pero un equipo de científicos de la Universidad Nacional de Taiwan ha descubierto que las células de cebolla pueden ser la base para un uso sorprendente y de grandes posibilidades: crear músculos artificiales que podrían usarse tanto en implantes médicos como en la construcción de robots.

Los científicos habían conseguido construir músculos artificiales a partir de diferentes materiales, como el sedal de pesca, pero capaces solo de realizar uno de los dos movimientos de  las células musculares: contraerse o extenderse. Con células de piel de cebolla se ha conseguido por primera vez reproducir los dos movimientos y crear una estructura que al aplicarle voltajes de menos de 50 voltios se alargaba y con potencias más altas se contraía. El estudio ha sido publicado en el número de mayo de la revista “Applied physics letters”  por un grupo de investigación en nanotecnología biomolecular, dirigido por el bioquímico Wen-Pin Shih.

El doctor Shih explica que trabajaban en una microestructura capaz de expandirse o contraerse  mientras se dobla “y un día vimos que la estructura celular de la cebolla y sus dimensiones eran similares a lo que habíamos estado haciendo”. Así pues, trataron una capa de células muertas de cebolla con ácido para eliminar la proteína de celulosa que les da rigidez, y luego cubrieron cada lado con una fina película de oro, más gruesa en un lado que en otro. Al aplicar una corriente eléctrica de bajo voltaje, la capa celular se expandió y flexionó hacia abajo, hacia donde el recubrimiento metálico era más grueso, mientras que con un alto voltaje las células se contraían y flexionaban hacia arriba.

Para demostrar que las cebollas se comportan realmente como músculos, el equipo construyó con las hortalizas tratadas una pinza y comprobó que era capaz de sostener una bolita de algodón al hacer pasar la electricidad.

Aunque se trata de un primer paso y serán necesarias muchas pruebas antes de poder crear implantes para seres humanos, Wen-Pin Shih destaca los usos de su invento en el campo de la biomedicina, ya que el oro y las células de cebolla son biocompatibles y no producen rechazo. Su laboratorio sigue trabajando para mejorar la fuerza del movimiento y reducir el voltaje necesario.

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El gato Cebolla, un personaje de cómic

Cebolla, el gato que odia el limón, es el protagonista de una tira cómica creada en 2013 por la dibujante argentina Florencia Palacios. Una serie de dibujo naif y minimalista, que presenta las andanzas y  reflexiones, de ingenuas a filosóficas, del  protagonista y sus amigos: el perro Croqueta, la gatita Melocotón, el pájaro Repollo y otros animales.

La autora dio a conocer a Cebolla publicando sus aventuras en una página de Facebook  y  la popularidad que alcanzó a través de la red social no solo sirvió para que las tiras, accesibles libremente a través de internet, se recopilaran también en un libro, sino que facilitó al personaje su propia canción.

Primero, el escritor Jorge Padula creó un poema sobre Cebollagato y santafecino./ Filósofo de barrio,/que tiene al Universo/por destino” y lo mandó a la autora. Después, cuando ésta lo publicó también en Facebook, los músicos Alfredo Figueras y Morgana Li lo usaron como letra de un chamamé (estilo bailable de origen guaraní, típico del folklore argentino) que dio nueva popularidad al personaje.

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Günter Grass no seguirá pelando la cebolla

La muerte del escritor Günter Grass merece una especial mención en nuestro repaso por los lazos que unen a la cebolla con el mundo de la cultura. El gran novelista alemán, ganador en 1999 de los premios Nobel y Príncipe de Asturias de Literatura, se inspiró en esta hortaliza para encontrar el germen creativo y el título de su obra más personal, su autobiografía: Beim Häuten der Zwiebel (Pelando la cebolla).

Grass nació en octubre de 1927 en lo que entonces era la Ciudad Libre de Dánzig, un enclave de población alemana en territorio polaco administrada por la Sociedad de Naciones. Así, la infancia y adolescencia del autor se desarrollaron en uno de los momentos más convulsos de la historia de la ciudad: las tensiones entre polacos y alemanes, el auge del nazismo y la incorporación de Dánzig a Alemania, la II Guerra Mundial (donde con solo 16 años fue reclutado por el ejército alemán) y el exilio cuando, tras la derrota nazi, Dánzig fue ocupada por los soviéticos y luego incorporada a Polonia.

Estos azarosos y traumáticos años son los que cuenta Grass en Pelando la cebolla, publicada en 2006, ya como culminación de su obra literaria. En una entrevista, el autor explicaba así cómo había abordado la obra y justificaba el título: “Por mi experiencia como narrador, sé que no somos fieles a nuestros recuerdos y que tendemos a embellecerlos o, sencillamente, a recomponer y ordenar fragmentos. Por eso, en esta obra he intentado recordar y reflejar a la vez, del modo más digno posible, la esencia real de la autobiografía en el proceso de creación. El proceso que me permite abordar los recuerdos de la infancia es el de ir quitando capas a la cebolla: ver primero lo que hay detrás de la primera capa y reflejarlo por escrito, y luego, al descubrir lo que hay tras la segunda, reescribir lo que escribí y confesé en la primera… y así sucesivamente”.

No es esta la única referencia destacable a las cebollas en la obra de Günter Grass. En su obra más famosa, El tambor de hojalata, presenta a un grupo de comensales en un restaurante durante la guerra que mantienen en todo momento una apariencia de total serenidad, pero aprovechan el momento de trocear las cebollas para poder llorar.

Y hay que destacar también que Grass era un notable dibujante, grabador y escultor. Así se puede ver en la ilustración de portada de su biografía, que, naturalmente, muestra una cebolla.

En la entrevista citada, Grass añadía que el repaso a sus recuerdos no estaba acabado porque “las cebollas no tienen semilla, hueso o corazón; son solo capas de piel y quedan algunas pendientes” y añadía que para contar hacían falta “muchas cebollas y muchas ganas”. Pero sus recuerdos acabaron con su muerte el pasado 12 de abril.

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Me apellido Cebolla

Los datos del padrón estatal en 2015 señalan que Cebolla es el apellido de 2872 ciudadanos. Concretamente, es el primer apellido de 1419 personas, el segundo de otras 1430 y 23 más lo repiten en ambos. Es decir, llevan el apellido Cebolla en su nombre, aproximadamente, tres de cada cien mil españoles.

Las cifras del Instituto Nacional de estadística (INE) muestran además que se trata de un apellido muy concentrado en dos provincias muy concretas. Valencia fue el lugar de nacimiento de 1210 personas con apellido Cebolla (607 de primer apellido, 584 de segundo y 19 en ambos) y Zaragoza de otros 676 (322 de primero y 354 de segundo). Aunque haya más naturales de Valencia, hay que tener en cuenta que esta provincia tiene más población que Zaragoza, por lo que es en este último lugar donde es más común el apellido, que llevan poco más de 4 de cada cien mil zaragozanos.

En cuanto al origen del apellido Cebolla, Josep María Albaege en El gran libro de los apellidos resume simplemente: “Aplicado fácilmente como mote”. Es decir, comenzó, como otros muchos, siendo un apodo. El autor da el mismo origen a variaciones como Cebollada o Cebollero.

Este origen popular ayuda a explicar que con el apellido Cebolla no aparece ningún linaje nobiliario que poseyera blasón o escudo de armas. Los expertos resaltan que los escudos son siempre de una familia concreta y no de todo un apellido, pero a lo largo de la Edad Moderna, buscando prestigio, se extendieron los escudos familiares.

Vicente de Cadenas en su obra Repertorio de blasones de la Comunidad Hispánica define así el escudo del apellido Cebolla: “En sinople, dos estribos de plata, puestos en faja”. Es decir, sobre fondo verde, dos espuelas plateadas en horizontal y en el tercio central.

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Un pueblo llamado cebolla

Cebolla es un municipio de unos 3600 habitantes situado en la provincia de Toledo, a 55 km de la capital, y que, pese a su nombre, no está especialmente vinculado al cultivo de esta hortaliza, sino que destaca por ser uno de los principales puntos en España de producción de higos (hasta 800.000 kilos al año). El aceite de oliva es otra producción agrícola típica.

Los lingüistas explican el nombre del pueblo a partir de la palabra árabe “yevayla”, cerro, ya que el caserío se sitúa entre dos montecillos, a los lados de un arroyo, ahora canalizado y cubierto, sobre la vega del río Tajo. Aunque también otra teoría deriva el nombre de otra expresión en árabe: “Gebel-Alá”, Dios me ha hecho, en referencia a la mezquita alrededor de la que se formó el pueblo. La primera referencia documental, como Casas de Cebolla, es en un texto en mozárabe del siglo XII.

De sus orígenes musulmanes, Cebolla conserva el castillo de Villalba, que luego perteneció a los Templarios. Otros monumentos del pueblo son el Rollo de Justicia, símbolo de que en el siglo XV el pueblo obtuvo el título de villa, y la iglesia parroquial, de estilo barroco. De origen medieval es también el Baile de la Bandera, acto principal de la celebración se Semana Santa.

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