09 septiembre 2006

Afrodisiaco milenario - la Cebolla

Si bien no está comprobado científicamente, se le han adjudicado a la cebolla poderes afrodisíacos desde tiempos muy antiguos.

Por mencionar algo, los egipcios prohibían que un sacerdote comiera cebollas, por sus propiedades de estimulación de la libido. Los griegos y los romanos las usaban con el mismo propósito, aún cuando hay una única excepción en el poeta Marcial, que la recomienda para alejar al marido. Por el contrario, el poeta Ovidio si la menciona como un afrodisíaco en el Arte de Amar.

Pero, la tradición árabe es la más conocida. Cuenta una leyenda árabe, que el Sheik al-Nefzawi usaba las cebollas con un propósito afrodisíaco y había logrado mantenerse erecto por más de 30 días gracias a que había comido cebollas. Sí se hace la advertencia de que no debe utilizarse por más de tres días seguidos pues, un hombre normal no perdería la erección nunca.

Basándonos en estas leyendas y en el conocimiento popular, podemos decir que la cebolla se puede preparar de varias maneras para obtener un efecto afrodisíaco. La receta es bastante específica excepto por que omite los condimentos extra. Dice que con freír la cebolla en aceite de oliva, junto con yemas de huevo y otros condimentos y comerlo por tres días el efecto es invariable.

Agrega que el Sheik había comido una receta de carne y cebollas. Y había bebido el jugo de las cebollas machacadas mezcladas con miel. Las cebollas machacadas resultan sumamente afrodisíacas y es probable que se deba a su constitución química.

La cebolla y el ajo contienen un aminoácido (CH2=CH-CH2-SO-CH2-CH=CH2) que se libera cuando son machacados gracias a la ayuda de una enzima, lo cual genera su olor cracterístico. Este compuesto es lo que posiblemente tenga propiedades afrodisíacas, pero lo que si se ha comprobado es que funciona como antibiótico.

Este artículo es gentileza de la altamente recomendable web solonosotras.com

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NANAS DE LA CEBOLLA - MIGUEL HERNANDEZ

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Miguel Hernández, 1939

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